Habla la alcaldesa de Chapinero: Catherine Chaves Hernández
La inversión pública con participación privada da resultados: la alcaldía de Chapinero logró que $155 millones públicos subieran a $400 millones con el aporte privado y hoy 3.500 personas disfrutan de una cancha con piso de caucho elaborada con 18 mil suelas recicladas de zapatos en el parque infantil el Nogal.
Por Catherine Chaves Hernández, alcaldesa local de Chapinero.
Cuando el Estado y los privados construyen en conjunto
En la administración pública solemos enfrentarnos a una realidad ineludible: las necesidades de la ciudadanía siempre son mayores que los recursos disponibles. Por eso, gobernar no consiste únicamente en administrar presupuestos; también implica construir alianzas que permitan multiplicar el impacto de cada peso público invertido.
Recientemente, en Chapinero tuvimos la oportunidad de comprobarlo a través de una articulación entre la alcaldía Local, el programa Tejidos Urbanos, liderado por la primera dama de Bogotá, Carolina Deik; el Instituto de Recreación y Deporte (IDRD), el Jardín Botánico y el sector privado.
En la alcaldía Local teníamos previsto la renovación, solamente, de la zona infantil del parque El Nogal, con un costo superior a los 500 millones de pesos. Sin embargo, gracias a esta articulación, la empresa Sketchers decidió sumarse al proyecto aportando cerca de 400 millones de pesos para la instalación de un piso de caucho elaborado con más de 18.000 suelas recicladas de zapatos, además de la recuperación de la cancha polideportiva y de la zona de gimnasio al aire libre.
Al final, la alcaldía local solo invirtió 155 millones de pesos, lo que significa que por cada peso público invertido se movilizaron 2,5 adicionales provenientes del sector privado, permitiendo ampliar significativamente el alcance de la intervención y beneficiar a cerca de 3.500 personas que utilizan este espacio recreo deportivo.
Este es uno de los tantos ejemplos del porqué la colaboración entre el sector público y el sector privado no debe verse como una excepción, sino como una herramienta fundamental para generar valor público. Los recursos del Estado son limitados, pero la capacidad de transformar los territorios se expande cuando logramos convocar a empresas, organizaciones y, sobre todo, a la ciudadanía alrededor de objetivos compartidos.
Las ciudades que avanzan son aquellas que entienden que los grandes cambios no son responsabilidad exclusiva de los gobiernos. Son el resultado de esfuerzos colectivos, de confianza mutua y de la convicción de que trabajar en conjunto siempre permite llegar más lejos.
El Parque El Nogal es una muestra de ello. Más que una obra física, representa una forma de entender la gestión pública: una que reconoce que los desafíos de nuestras comunidades son demasiado grandes para afrontarlos solos y que las mejores soluciones nacen cuando diferentes actores deciden sumar capacidades, recursos y voluntad.
Porque al final, gobernar no consiste únicamente en ejecutar recursos. Gobernar es construir confianza, tender puentes y movilizar capacidades alrededor de un propósito común. La pregunta no es cuánto presupuesto tenemos. La verdadera pregunta es cuántas voluntades somos capaces de convocar para transformar el territorio. Cuando entendemos eso, cada peso público vale más y cada intervención tiene el potencial de convertirse en una transformación colectiva.



