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Indignación es lo que produce la mutilación genital de niñas en Colombia

Por: JOSÉ LUIS RAMÍREZ MORALES.- Boquiabierto, sorprendido, estupefacto y, como el viaje de Artemis II y su regreso a la Tierra, quedé paralizado, como si la atmósfera lunar me hubiera afectado todos mis sentidos, al saber que en este siglo XXI y en este presente que vivo, la ablación, la mutilación de mujeres en Colombia, se practica.

¡Qué horror! para mí. Nunca se me había ocurrido ni pensado que esta práctica se realizara en suelo colombiano. Y menos a niñas entre 0 y 5 años. Y se han dado casos de muerte y que las infecciones por esta práctica formaran parte de la vida de muchas mujeres colombianas indígenas y afrodescendientes. ¡Qué horror!

Es tanto el impacto, que no encuentro respuestas. Por lo tanto, consulté a UNICEF, y esto fue lo que encontré. “Cerca de 230 millones de mujeres y niñas en todo el mundo han sufrido algún tipo de mutilación genital femenina, muchas de ellas antes de los 15 años. A pesar de que está reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos, esta práctica persiste por diversas razones. Independientemente de dónde o de cómo se practique, la mutilación genital femenina genera daños físicos y psicológicos extremos”.

La mutilación genital femenina hace referencia a todos los procedimientos que implican la extirpación total o parcial de los genitales externos de la mujer u otras lesiones en los órganos genitales femeninos con fines no médicos. Ni más ni menos esta práctica salvaje consiste en arrancar el clítoris de las niñas.

En Colombia, se practica sobre todo en niñas que se encuentran entre la edad infantil y los 15 años. La mutilación genital femenina constituye una violación de los derechos humanos fundamentales de las niñas y las mujeres.

Esta práctica atroz no tiene ningún beneficio para la salud de las mujeres y puede provocar graves complicaciones a largo plazo, incluida la muerte. Hemorragias, estados de conmoción, infecciones, transmisión del VIH, retención de orina y dolor intenso.

Mi sorpresa es mayor cuando encuentro que en Colombia hay 204 casos registrados recientemente. El 56 por ciento de las víctimas han sido niñas entre los 0 y los 5 años, es decir, recién nacidas.

Estas cifras y esta práctica son aberrantes. Se realiza silenciosamente en comunidades indígenas, afrodescendientes y marginadas, camufladas y escondidas en creencias culturales, dogmas y rituales imperdonables.

Es necesario llamar la atención de estos crímenes. Esta práctica no es sencilla de erradicar, algunas mujeres embera han denunciado este abuso con sus hijas y con ellas mismas que han sido víctimas sin poder hacer nada.

Son prácticas salvajes impuestas por los hombres, quienes intervienen y exigen la mutilación de sus propias hijas, a través de parteras.

Por esta violación a la integridad del cuerpo de las mujeres no hay ningún tipo de sanciones y su práctica es continua. Vive entre nosotros sin que nuestra sociedad esté enterada, desconoce esta violación contra las niñas, no entiende el problema, no sabe que esta práctica violenta se ejerce en Colombia en la actualidad.

Y lo más sorprendente, para mí, es que no encontré ninguna sanción por parte de las autoridades y la Corte Constitucional protege la autonomía indígena, mientras las mujeres indígenas hoy alzan su voz y reclaman protección ante esta práctica violenta que ejercen los hombres sobre las niñas y que, dicen ellas, no hace parte de su cultura.

Para los hombres que ejercen esta mutilación es una forma de controlar la sexualidad de las mujeres.

Increíble, en Colombia, la mutilación se lleva a cabo en formas que van desde la extirpación del clítoris hasta la infibulación, que es coser o estrechar la abertura vaginal, cuando esta se desgarra por la acción de la mutilación.

Léalo también en BLOG ESCOMBROS EL TIEMPO.

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