Clara López Obregón: una vida dedicada a la causa de la igualdad
La senadora acaba de renunciar a su aspiración presidencial para unirse a la campaña de Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico a la Presidencia de Colombia. Esta es la historia de vida de una mujer que desde niña supo qué era la injusticia social.
Para Clara López Obregón, los pobres, la segregación social y las desigualdades no son un discurso sino la consciencia de que nació en un país donde el lugar de nacimiento, más que el estudio, marca el monto del salario que reciben las personas.
Antes que en los libros de texto, lo aprendió en su casa cuando no entendía por qué los hijos de los trabajadores comían en un lado y ella en otro, después de haber estado jugando juntos, y en las areneras del nororiente de Bogotá, cuando su mamá, sus tías y las amigas la llevaban con otras niñas a alfabetizar a los niños pobres.
Una carta al niño Dios, escrita cuando tenía 7 años, refleja el nivel de consciencia que tenía entonces sobre las necesidades ajenas: paz para Colombia y comida y vestido para los niños de su Patria. Eso pedía.
Desde entonces le parecían injustas las desigualdades. Tanto que en plena adolescencia le reclamó a su papá porque sus hermanos varones habían ido a estudiar al exterior y a ella le parecía un desequilibrio contra la mujer no tener el mismo derecho.
Ante la exigencia, el padre hizo los trámites y la niña Clara saltó del colegio Nueva Granada en Bogotá y terminó en un colegio en las afueras de Washington, en Estados Unidos, a los 14 años.
Esa beligerancia para reclamar sus derechos y no quedarse callada ante la injusticia es parte de su carácter firme e independiente. En el seno de su hogar aprendió a ser crítica desde siempre y a tomar sus propias decisiones con libertad, responsabilidad y respeto por los demás. “En mi casa nunca hubo órdenes sino discusiones, buenas costumbres y un espíritu intelectual e independiente”, dice.
Creció en una familia bogotana en la que se hablaba y se vivía la política del país. Y la violencia. Porque Clara López nació en abril de 1950, dos años después del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán que desató una época de violencia bipartidista que ensangrentó el país.
Su padre, Álvaro López Holguín, era sobrino del expresidente Alfonso López Pumarejo y nieto materno del también expresidente de Colombia Jorge Holguín Mallarino. Su madre, Cecilia Obregón Rocha, era prima hermana del artista Alejandro Obregón.
A su tío y padrino de bautizo, Alfonso López Michelsen, hijo de López Pumarejo, le escuchó las críticas y quejas por el Frente Nacional, un pacto político con el que los partidos liberal y conservador se repartieron el poder del país por partes iguales para zanjar la violencia entre los partidos. Vergonzante, llama hoy a ese acuerdo.
En su memoria todavía está viva la imagen de una balacera que se registró en medio de una manifestación en el municipio de Fusagasugá, a mediados del siglo XX. Su papá la llevaba a todas partes y ese día no fue la excepción. Allí murió el esposo de una hermana de doña Cecilia, la esposa de su tío Alfonso López Michelsen, quien 18 años después fue presidente de la República y la nombró a ella secretaria Económica de la Presidencia.
Pero eso fue después del viaje a Estados Unidos que le ganó a su papá cuando le reclamó su derecho a la igualdad. Luego de terminar colegio llegó a la Universidad de Harvard, donde estudió economía y participó activamente en el movimiento contra la guerra del Vietnam. Fue dirigente estudiantil y del movimiento de mayo del 68.
“Hicimos una huelga en la universidad que duró varias semanas, cerramos la universidad de Harvard en una huelga prolongada que fue votada por los estudiantes y los profesores en el campo de fútbol”, recuerda.
En esa huelga lograron que la universidad retirara su patrimonio de las compañías que hacían negocios en Sudáfrica con el Apartheid y también que a los negros y a los blancos en las cocinas les pagaran por igual. Lamenta que no lograron que se le pagara salario igual a los hombres y a las mujeres.
En Harvard se graduó Magna Cum Laude, con una tesis laureada sobre la reforma agraria, entre los primeros cinco puestos de su clase que tenía 1.500 estudiantes. En ese momento ya había lidiado con la soledad que le produjo el alejamiento del hogar paterno. En ese momento se habían afianzado su espíritu crítico y su rechazo contra la injusticia social.
“Yo pienso que si a usted la educan como me educaron a mí, dentro de un criterio libertario, la actitud crítica lo convierte a usted en un inconforme. En una sociedad tan desigual como la nuestra, de tanta injusticia social, no puede ser de otra manera. Y eso es algo que yo he luchado toda la vida”.
Como dice ella hoy, un niño no es bobo, y gracias a las correrías con su mamá en las areneras de Usaquén, Clara López entendió desde la infancia lo que era la pobreza y que ella tenía privilegios que podía pagar con trabajo social.
La hoy senadora de la República ha estado toda su vida en la academia, en el servicio público y en la política, a la que llegó cuando trabajó con Alfonso Palacio Rudas, el ministro de Hacienda de su tío el expresidente López.
En el barrio Juan Rey, de la localidad de San Cristóbal, en el suroriente de Bogotá, echó su primer discurso, cuando Palacio estaba en campaña. Postulada por él, fue contralora de Bogotá a los 28 años y concejal a los 30 en el movimiento Nuevo Liberalismo, que lideraba Luis Carlos Galán Sarmiento.
Desde esa época empezó a recorrer los barrios de la ciudad y a comprobar, a lo largo y ancho de la ciudad, lo que había aprendido de niña: el norte rico, el sur pobre, la periferia pobre. La segregación social.
En su época de contralora conoció un estudio sobre Bogotá de Rakesh Mohan, quien posteriormente fue presidente del Banco Central de la India, que demostró cómo el lugar donde uno nacía y vivía era más importante en materia de ingresos futuros de las personas que el número de años de escolaridad.
“Eso quiere decir que usted podía estudiar y estudiar, pero si usted pertenecía a uno de los barrios de los sectores populares tenía menos posibilidades de llegar a devengar salarios altos que si hubiese nacido en un barrio acomodado”.
Su primer acercamiento con la izquierda fue en 1987 estando en el Nuevo Liberalismo. En ese momento su entonces jefe político Luis Carlos Galán dio libertad de votar y ella decidió apoyar a Jaime Pardo Leal, dirigente de la Unión Patriótica.
“Estaba empezando toda esa violencia política y yo veía que algo se tenía que hacer para visibilizar lo que estaba pasando”.
A Pardo lo asesinaron. Y desde entonces Clara López ha estado conectada con la izquierda.



