El cable de San Cristóbal que bajará el viaje de una hora a 10 minutos
POR: YOLANDA GÓMEZ TORRES.- 144 cabinas, cada una con capacidad para 10 pasajeros, que transportarán 4 mil personas hora-sentido y 34 mil al día, conforman el TransMicable que beneficiará a 400 mil personas que viven en las montañas del suroriente de Bogotá.
Solo una mujer que se levanta a las 3 de la madrugada para hacer el desayuno y el almuerzo de sus hijos y dejarlos listos para el colegio antes de ir a trabajar siente en carne propia lo que significa que su recorrido entre el barrio y el portal de TransMilenio del 20 de Julio pase de una hora a 10 minutos.
Esa es la realidad que vivirán las personas residentes de barrios como Altamira y la Victoria, ubicados en el suroriente de las estribaciones de los cerros orientales de Bogotá, en una zona de ladera con pendiente pronunciada, a más de 2.800 metros de altura sobre el nivel del mar.
Enclavadas en la montaña, en medio de las calles de los barrios, 21 torres de acero traídas a Bogotá desde Austria sirven de soporte a una línea de cable de acero de 2.87 kilómetros que conecta a los barrios con la estación 20 de Julio, la más cercana del sistema de transporte masivo de la ciudad (TransMilenio).
Las torres miden entre 11 y 45 metros de altura, en promedio 25, el equivalente a un edificio de seis pisos, con un peso promedio aproximado de 18 toneladas. Se trata de estructuras cónicas (más ancho en la base que en la cima), galvanizadas en caliente para protegerlas contra la corrosión.
Cada una cuenta con soportes estructurales para los balancines, caballetes y pasarelas de mantenimiento de los balancines que garantizan el guiado del cable, la distribución de carga y la suavidad en el tránsito de cabinas transparentes que permiten apreciar el paisaje durante el recorrido.
El sistema incluye un edificio de conexión con plataforma para abordaje de los pasajeros y su conexión con la plataforma de buses alimentadores en el portal de TransMilenio del 20 de Julio, un puente peatonal, 270 paneles solares en el techo, además de sus tres estaciones en Altamira, La Victoria y el portal del 20 de Julio.
Además de las 144 cabinas que estarán en operación permanente, el sistema cuenta con otras 4 de reserva. Los 391.760 millones de pesos invertidos ya se ven en toda su dimensión.
Hoy, las personas que residen en estas montañas se gastan entre 40 minutos y una hora para llegar al portal del 20 de Julio. Lo hacen a pie o en buses de servicio público que bordean la montaña. La soledad de las madrugadas y las noches y el riesgo siempre latente de asaltantes forman parte del diario vivir de las personas que usan el transporte público.
Con el TransMicable, la vida les cambiará. Reducirán el tiempo del recorrido en más de un 70 por ciento. Eso, para las personas que residen en estos barrios, y en especial para las mujeres que madrugan, significa ganar tiempo para descansar y para su vida personal.
Pero el impacto no es solo de transporte. Este proyecto ha generado empleo. En el momento más alto alcanzó a contar con 340 trabajadores operativos, más del 63 por ciento mano de obra no calificada que pertenece a la localidad de San Cristóbal.
También generará impacto en la calidad de vida: el proyecto incluye la construcción de 14 gimnasios, la plantación de 104 árboles nativos en el entorno y la generación de más de 18 mil metros de espacio público, zonas verdes y jardinería.
El director del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), Orlando Molano, responsable de la obra, está satisfecho con el resultado. En sus permanentes visitas a la obra, ha vivido de primera mano el impacto en los barrios de la zona. Los vecinos ya están armando tiendas, mejorando sus fachadas, inventando nombres, mejorando los comercios, porque saben que el nuevo sistema de transporte puede atraer turistas. Muy cerca, por ejemplo, está el parque Entrenubes, uno de los recursos ambientales de la zona.
La empresa TransMilenio está en la etapa de preparación para iniciar la operación con pasajeros. El sistema ya tiene certificado de idoneidad internacional sobre el cumplimiento de estándares técnicos y de seguridad.
“Todo el mundo está listo para abordar”, asegura Marcela Rivera, una residente de la zona que trabaja como auxiliar de tráfico en la obra del TransMicable, al que define como rápido, confortable y amigable para el ambiente. Y solo tiene un mensaje pasa sus vecinos: “que lo utilicemos responsablemente y tengamos cultura”.
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