Especiales Chapinero

La zona de rumba de Chapinero: prostitución, secuestro y droga

Por JOSÉ LUIS RAMÍREZ MORALES.- Todas las localidades en Bogotá se quejan por la inseguridad creciente en la ciudad. Pero hay una que viene en ascenso a ritmos acelerados e incontrolables: la localidad segunda de Chapinero, corazón de la ciudad.

Secuestro, paseos millonarios, extorsión, prostitución de menores de edad, trata de personas, hurtos violentos a personas, negocios y residencias, asalto a joyerías, múltiples delitos sexuales, tráfico y expendio de drogas en las calles, se hacen negociaciones y consumo en presencia de la policía, videos en los que se observan los robos, raponazos, hurtos y una escalofriante estadística de robos en el 2025 de 3.158 celulares que fueron denunciados, porque un 80 por ciento de los robos quedan en la impunidad. La proliferación de antros disfrazados de bares y el consumo de droga.

El 69,9 por ciento de las personas de Chapinero considera que la inseguridad ha subido en su barrio en el último año, según la más reciente encuesta de victimización de la Cámara de Comercio de Bogotá. Es el porcentaje más alto de todas las localidades.

El 59,8 por ciento de personas consideran que la inseguridad ha aumentado en Chapinero y el 47,6 por ciento ha sido testigo de un delito. La localidad también registró el porcentaje más alto de toda la ciudad de personas que se declararon víctimas de un delito en los últimos 12 meses, con el 19 por ciento.

Solo el 24,1 por ciento de las personas de Chapinero considera que la acción de la policía es efectiva, mientras que el 75,9 por ciento se queja de la falta de presencia de los uniformados en la localidad.

Diariamente, la inseguridad en los cajeros y en los bancos se ha vuelto el pan de cada día. El cosquilleo en los centros comerciales y aglomeraciones son la constante queja de los vecinos y de las personas que llegan a la localidad a laborar, que son cerca de dos millones diarias.

A plena luz del día, los homicidios se han convertido en una imagen cotidiana. Recurrentemente, es fácil hablar de sicariato a lo largo y ancho de la localidad, para dar solo unos ejemplos.

Infortunadamente, hoy es fácil hablar del asesinato de un empresario y su escolta a manos de un encorbatado sicario en la carrera 7ª con calle 85, o el asalto a mano armado que dejó gravemente herido a un residente que paseaba a su perro a las 10 de la mañana en la calle 54 con carrera 4ª.

Personas que desaparecen de sus calles al salir de discotecas, casinos y bares.

El paseo millonario de Diana Ospina, que estuvo dos días secuestrada, mientras le desocuparon sus cuentas.

El profesor de la universidad Externado, Felipe Cubides, quien fue secuestrado en Chapinero, torturado y posteriormente asesinado.

El hombre que abordó un taxi de madrugada en Chapinero para regresar a su domicilio y en el trayecto fue escopolaminado por el conductor que le robó su dinero y sus pertenencias.

Una y otra vez, todos los días y noches y fines de semana se escuchan estos testimonios, quejas y denuncias en la estación de Policía de Chapinero.

La inseguridad de Chapinero no es una percepción, es una realidad.

No se conoce a la alcaldesa. No sale de su despacho. No se le ve recorriendo en la noche ni en la madrugada los bares, los gastrobares, los prostíbulos, las discotecas con fachada de clubes, es decir, la tradicional zona de Chapinero no tiene autoridad. No se sabe quien es la cabeza de la alcaldía local. No se hacen operativos, según los comerciantes.

En esta administración de Carlos Fernando Galán han estado en el cargo dos alcaldesas que han pasado hasta hoy: la primera salió por ineficacia, por falta de resultados, y esta segunda administración aparece nombrada, pero no ha comenzado a ejercer.

Bodegas de rumba electrónica sin control, sin horario, rumbas que se extienden toda la noche y se prolongan hasta el mediodía siguiente, y sobre pasan la contaminación auditiva. Los decibeles permitidos, de noche son hasta 60 y en el día hasta 70, pero todo esto es violentado, en el día llegan a 110.

Los vecinos y el comercio no aguantan más este espectáculo, donde los clientes, a pleno mediodía, son arrojados a los andenes y calles de Chapinero por estafetas de estas bodegas, en estados deprimentes de drogadicción, alcoholismo y víctimas de la delincuencia.

Chapinero sin control. La tradicional Chapinero no tiene administración.

Léalo también en blog Escombros EL TIEMPO.

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