Ciudad

Los gastos hormiga, el cáncer del presupuesto público

El asunto de en qué se gasta el dinero público se le ha convertido en una obsesión a Germán Ricaurte Camargo, al punto de que hoy tiene un equipo llamado Unidad del gasto hormiga, dedicado a identificar gastos que pueden evitarse para mejorar la inversión pública.

En el fondo, la preocupación que ha ido tomando forma a lo largo de la carrera de este bogotano de 33 años, que hoy se la juega para llegar a la Cámara de Representantes por Bogotá con el número 102 en el Nuevo Liberalismo, es que no se debe botar el dinero público en cosas innecesarias.

“No puede ser que mientras nos van a clavar una reforma por decreto, en el Icfes hagan una fiesta de fin de año de 240 millones de pesos, con DJ, orquestas y animador de ‘hora loca’; no puede ser, si estamos tan mal y estamos tan graves, no estamos para fiestas y algo tiene que pasar”.

“Acá declaramos emergencia económica, pero sí hay plata para ir a jugar bolos, 30 millones de pesos, para los funcionarios de Bienestar Familiar. Entonces, algo no está cuadrando en el mensaje.

Entre sus denuncias figuran actividades culturales que se programan y pagan y no se realizan, arreglos en senderos ecológicos mal hechos, y hasta unas columnas vigilantes que se instalaron en el pasado con botones de pánico que siempre estaban fuera de servicio, pero durante muchos años se pagó por su mantenimiento y operación.

Hoy, no se cansa de alertar por los gastos en las áreas de bienestar de las entidades, las bolsas logísticas que implican millonarias inversiones y en las que, en su concepto, “se cometen abusos contra la plata pública. Es una constante en todos los gobiernos, y no solo en el nacional, sino en los territoriales, un mal de todas las entidades. Es una práctica generalizada, sistemática, en la que funcionarios públicos no cuidan la plata”.

Cuestiona que se hagan gastos millonarios en fiestas y torneos, cuando millones de personas no tienen para comer, abundan los niños desnutridos y las necesidades en las que el presupuesto público debería priorizarse para atenuar los problemas de la comunidad. “Hay prioridades”.

Coincide con el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, en que la inseguridad es uno de los problemas más complejos de manejar, y defiende la gestión que viene realizando, pero asegura que el Congreso debe garantizar que el pie de fuerza se asigne a las ciudades por el número de habitantes y que los reincidentes de delitos no salgan libres mientras los juzgan.

Quienes lo conocen o trabajan con él admiran su capacidad de trabajo y el compromiso con el que asume las causas que defiende. Él asegura que, cuando se compromete con algo o alguien, se apega a eso. De ahí que si algo le causa dolor son las deslealtades. Disciplina, trabajo, pasión y lealtad son las cuatro palabras que lo identifican.

Decidió hacer política desde temprana edad porque es lo que le gusta. Su voz pública se empezó escuchar a los 18 años como un joven preocupado por el mal estado de las vías de los barrios Pardo Rubio y San Martín de Porres de Chapinero, localidad de Bogotá en la que nació y donde sigue viviendo.

En 2011, cuando cursaba el primer semestre de su carrera, fue elegido edil de la localidad de Chapinero (2011-2014) con 1.730 votos. Esa fue su primera victoria electoral.

Estudió economía mientras ejercía como edil de su localidad, haciendo debates, denuncias y participando en la elaboración del presupuesto y el plan de desarrollo zonal. Hoy recuerda que en esa época descubrió lo que la improvisación, la incompetencia y el desorden administrativo en el ejercicio de los cargos públicos le pueden hacer a las finanzas públicas y el impacto que tienen en la ciudadanía.

Entre las denuncias que le generaron reconocimiento como edil se destacó la construcción de un deprimido de la calle 94, que terminó costando tres veces más de lo presupuestado: de 40 mil millones iniciales a más de 120 mil millones de pesos al final.

Dice que, si un político quiere llegar al Congreso a representar a una región, como Bogotá, debe conocerla y tener experiencia en el manejo normativo y legislativo. Y, sobre todo, no puede ser elegido y desconectarse cuatro años de las personas que lo eligieron, sino mantener comunicación constante.

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