Voces

Colombia necesita una opción de centro decente

Ingrid Betancourt, la candidata a la presidencia de Colombia por el partido Oxígeno Verde, la mujer que estuvo seis años secuestrada en poder de la guerrilla de las Farc, y que regresó al país para proponer una opción de centro, estuvo con E-DIARIO y habló sobre el momento político que vive Colombia.

¿Cómo se ha sentido en Colombia, en la campaña política?

La verdad, me sorprendo a mí misma pensando que estoy tan feliz. Digo esto porque ha sido una campaña difícil, llena de trampas y zancadillas, de procesos en contra, legales, de quitarme la candidatura, o no darme los anticipos de campaña. Ha habido todo tipo de cosas muy feas, acusaciones, ‘fake news’, de todo, pero he estado muy feliz. Recorrer a Colombia, estar con la gente y, adicionalmente, la experiencia de la campaña, desde el punto de vista del debate político: poder decir lo que uno cree que tiene que decir, aportar al debate, enriquecer el debate, denunciar cosas que no deben pasar, me ha parecido que ha sido una oportunidad muy linda. Me he gozado mucho esta campaña, en realidad.

¿Cómo fue ese proceso con la coalición de la Esperanza que la llevo a crear casi un terremoto?

La verdad el terremoto lo crearon ellos y se quedaron con su terremoto y se hundieron solitos. Ellos habían hecho un preacuerdo al cual yo me sumo y logramos en ese cónclave famoso acordar una unión con Alejandro Gaviria y todos los demás. La única condición que se firmó era que no había maquinarias, que no había clientelismo. En ese momento coincidió que Alejandro Gaviria había peleado con César Gaviria: en ese momento Sergio Fajardo decía ‘con César Gaviria no porque es maquinaria’.

Entonces, llega Alejandro Gaviria, firma, se aceptan los acuerdos, y los viola. De frente. Trae sus maquinarias, comienza con Germán Varón y después con Miguel Ángel Pinto. Y aquí hay una conmoción en la coalición, y me ponen a mí a dar la pelea, y cuando yo doy la pelea es como lanzar la piedra y esconder la mano, me dejan sola, peleando con Alejandro. Entonces, eso obviamente a mí no me gusta y les digo ‘concretemos’. Si Alejandro entra con estas maquinarias a la consulta, yo me voy. Yo esto no lo voy a apadrinar. Y se fueron corriendo, corriendo y se amañaron con el cuento, es decir, aceptaron la posición de Alejandro Gaviria y les fue como a los perros en misa.

¿Y qué piensa del hecho de que la hayan responsabilizado a usted d que ese grupo de la Esperanza no hubiera prosperado y hubiera fracasado?

¡Los hombres! Perdón, pero una cosa muy machista. A mí me parece que es un comportamiento de Poncio Pilatos: hay que echarle la culpa a alguien, echémosela a Ingrid. Cómodo. La verdad histórica es la verdad histórica. Yo me salgo, yo ya no tengo nada que ver en la coalición, y ellos comienzan a pelearse los unos con los otros, eso se vuelve una pelea de perros y gatos: Alejandro peleando con Sergio, Juan Manuel Galán denunciando a Carlos Amaya, Jorge Enrique Robledo dándole tieso a Alejandro Gaviria, ahí se pasaron toda la campaña. Y después se sorprendieron de que no tuvieran resultados. La consulta del Centro Esperanza se desinfló porque no mostraron un frente unido. La idea de una coalición es estar juntos, obviamente con diferencias, pero estar juntos. Ellos se dedicaron a hacerse el cajón los unos a los otros, una cosa muy fecha, y cuando ya Sergio sale con muy poca votación, 700 mil votos, tienen que encontrar una manera de explicar eso, y no quieren aceptar su responsabilidad. Un comportamiento, primero un poquito cobarde, me parece a mí, muy machista, también.

¿Cree usted que el país está preparado para elegir a una mujer, o cree que todo esto que pasó con la coalición de la Esperanza influyó para que su candidatura no cuajara?

Yo creo que el país está listo para una mujer. Yo siento el clamor. Cuando la coalición se forma es diciendo: bueno, que entre una mujer, tiene que haber una mujer en el Centro Esperanza, cuando ya en todos lados había una: en el equipo de Petro había una mujer o varias, en el equipo Colombia, también. Yo creo que Colombia está lista para la candidatura de una mujer, pero la política es muy machista. Las críticas que yo he recibido durante la campaña eran personales, de mi carácter, de que viví en Francia o que viví en no sé dónde, es decir, una cosa que no tenía que ver ni con mi posición ni con mis ideas ni con mis propuestas. Yo creo que eso es algo que hay que entrar a analizar con más cuidado, pero pienso que sí, creo que Colombia está lista para una mujer.

¿Cómo fue el proceso para terminar en la campaña del ingeniero Rodolfo Hernández?

Muy simple. Desde el principio cuando llego a Colombia tenía la idea de ayudar, para mí significa ayudar a construir una coalición de centro, era mi misión. Yo veía aterrada que nos volvieran a armar la polarización, y una extrema izquierda, una extrema derecha, y que nos vuelvan a montar una guerra. Eso es lo que tenemos que evitar.

Entonces, cuando me sumo a la coalición es porque siento que esa una buena opción, que realmente hay un trabajo que hay que hacer de unión de centro. Y finalmente Sergio se desinfla y comienza a subir Rodolfo Hernández, y desde el 14 de marzo llamo a una unión del centro. Esa fue la constante: cada vez que me preguntaban decía tenemos que unirnos, tenemos que unirnos. Y Sergio no se movió. Entonces, fui a hablar con Rodolfo Hernández, y le dije: tenemos que unirnos; él llama a Sergio y Sergio le dice entre los dos hagámoslo, pero con nadie más. Yo le digo a Rodolfo, no hay problema, denle ustedes y yo me retiro. Cuando ustedes se unan, yo me retiro y los apoyo, a mi lo que me interesa es que Colombia tenga esa opción de pasar a la segunda vuelta.

Y Sergio va y viene, va y viene, y no decide. Entonces a 10 días de las elecciones de este 29 de mayo yo llamo a Rodolfo y le digo, si Sergio no se decide, yo me decido ya. Hay que hacerlo ya. Me dice, hagámoslo, vámonos juntos. Entonces, hicimos un acuerdo, y yo creo que eso le sirvió mucho a Rodolfo.

Yo creo que a partir de ahí bajo un poquito la suspicacia que había de verlo como algo no muy serio, la gente comienza a pensar, pero de pronto sí, esta sí es la solución. Él ya venía con una buena lanzada, pero yo creo que hoy en día ya es imparable, yo lo siento así.

Volviendo al comienzo, ¿cómo toma esa decisión de regresar a Colombia estando en París?

Me demoré 14 años en tomar esa decisión, 14 años de, primero, reconstruir mi identidad como una persona. Uno sale de un secuestro muy golpeado, muy fragilizado sicológicamente, y yo había dado muchas peleas en esa selva, y me habían matoneado duro.

Entonces, salir de ahí, volver a tomar las prioridades de la vida, volver a construir una existencia, encontrar un sitio en el mundo y, sobre todo, la prioridad mía, mi familia, volver a ser mamá con unos adultos, porque yo dejé unos niños y me encontré con unos adultos que ya tienen su vida, que han tomado decisiones, porque yo no conozco su vida, porque son seis años, y en la vida de un joven eso es todo. Yo no sé ellos que han hecho, cuáles son sus amigos, cuáles son sus ideas; llego a descubrirlos y encontrar un espacio para volver a tejer una relación de madre, donde yo pudiera serles útil, donde mi experiencia les sirviera, donde tuvieran confianza en mí, donde me constaran sus cosas, fueron 14 años remando.

¿Y diría que lo logró?

Sí, lo logré y soy, no solamente una mamá muy amada, muy reconciliada con la vida y con ellos, también una abuela.

¿Y recorrer en el país le ha hecho poner en evidencia que las heridas sanaron?

Yo en Colombia me he sentido muy bien. Las heridas sanaron porque sanaron. Uno no puede quedarse todo el día lamiéndose las heridas, cicatrizaron. Obviamente hay emociones que vuelven de vez en cuando, pero esa es la vida. Pero la capacidad de ser feliz, de la alegría, de contagiarse, de agradecerle a la vida ser colombiana… es que eso es un privilegio.

¿Qué piensa de Gustavo Petro, cómo lo ve?

Para mí fue una sorpresa, fue parte de la razón para venir, esa transformación de Petro. El Petro del 2018, un hombre de ideas, un hombre de propuestas, un hombre de valores y principios, un tipo que llega a la segunda vuelta sin una maquinaria, sin un peso, a punta de ideas, un tipo de admirar. Y de pronto, en estos cuatro años, se perfila haciendo unas alianzas monstruosas, recibiendo a todos los que él ha criticado, y volviéndose lo mismo que él criticó: parte del sistema, excusando, tapando corrupción, aliándose con bandidos, con gente muy comprometida, cerrando los ojos ante mucha ‘compromisión’ de mucha cosa, y haciéndole propuestas al país trasnochadas, es decir, que tienen un viso como de un izquierdismo de antaño, de los años 70, es decir, yo no reconozco a Petro, la verdad.

Como encerrarse en un cuarto con el diablo, quiere ser Presidente, no importa con quien…

No importa con quién. Y él, yo creo que quedó muy tocado por la estrategia de (Iván) Duque, un hombre sin ninguna experiencia política real, que estaba en el Congreso, pero nadie sobresaliente, y gana las elecciones a punta de qué: a punta de unir a todo el mundo, al que fuera, porque la alcantarilla de Colombia llegó a donde Duque. Y él debió pensar que esa era la manera, que no había otra forma, y decide hacer lo mismo, y al hacer lo mismo se convierte en eso. Es decir, en un tipo que obviamente habla de un cambio, pero no hay ningún cambio, porque uno no puede hacer el cambio con esa gente: no puede hacer el cambio con Roy Barreras, no. O con Piedad, Córdoba, o con Armando Benedetti, sub judice por lavado de activos. Y piedad Córdoba con problemas en la Corte. Es decir, por donde uno mira siente de esconder, y el Petro que era el Petro que daba los debates, que se enfrentaba al poder, que denunciaba, terminó siendo el lacayo de toda esta gente. Para mi es muy triste.

Pero él siente que no lo está haciendo mal…

No, porque pienso que él ya perdió completamente… es decir, yo creo que cuando uno pasa ciertas fronteras, él las había pasado para un lado… en la guerrilla se pasan muchas fronteras, pero él había vuelvo a la constitucionalidad, con una visión de democracia, de acabar con un sistema de corrupción, y se metió, pero de lleno, en el sistema de corrupción, y a partir de ahí…los ferragamo. Un cambio de mentalidad.

¿Cómo ve su futuro en este momento?

Supongamos el peor de los casos: que Rodolfo no pase, porque si pasa Rodolfo voy a estar ahí acompañándolo, y ayudar a transformar a Colombia, y con toda, con mucha felicidad, en realidad mucha alegría de pensar que salvamos a Colombia, como in extremis, es decir, esa sensación de uy, rozando. Si eso lo logramos gran victoria para Colombia. Y si no, construir el partido Verde Oxígeno, hacer oposición, recorrernos a toda Colombia y ofrecerle un espacio para hacer política a gente decente, que no tenga que comprar avales, nada, gente que quiera de verdad transformar a Colombia, y abrirle las puertas a la juventud, a la gente que tiene trabajo social, gente que realmente vale la pena, y con una hoja de ruta muy clara, muy simple: derrotar a la corrupción. Para mí, ese es el trabajo que hay que hacer.

Hace tiempo que no se da opción de apertura de un movimiento, la opción de Oxígeno Verde podría ser…

Para consolidar. Suponiendo que sale Rodolfo Hernández, tenemos que consolidar la posibilidad de que Colombia viva sin corrupción. Y si no sale, tenemos que armar la posibilidad política de que haya una opción de centro, que no nos lleve a la guerra, que no polarice, que no nos bote a matarnos, porque el tema de la polarización es muy perverso: los de arriba echan sus discursos, nos botan a la guerra, ¿y quiénes mueren?: los de abajo. Es decir, esta cosa es muy elitista, esta es una guerra muy elitista y perversa.

Colombia necesita tener un partido formal, bien estructurado, que le abra el espacio a la gente para tener una democracia real, de consensos y debates.

Colombia necesita esa opción de centro decente. No boba y no tibia.

ediariocol2020@gmail.com

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